Yo creí que encontraría el piso de mis sueños, un piso pequeño, soleado con una terraza y bien situado ¡Qué inocente!  Pensaba que había tantos para escoger que iba a ser fácil , al contrario se convirtió en una maratón. Tuve que ver cuatro pisos en una tarde y todos estaban en el centro de Madrid, o eso era lo que yo pensaba. El primero era un altillo, así tal cual, con las vigas de madera viejas, me pareció subir a esos edificios que hay en París, tenía hasta una claraboya, ahora los llaman estudios. El segundo piso estaba escondido en una callejuela sin salida, era un bajo, recordé que el alquiler también era bajo. “El idealista”   la web que encontré estos pisos tiene sentido porque para encontrar el ideal has de buscar hasta perderte, como me pasó en el tercer piso. Le pregunté a un señor: ¿Para ir a la Opera voy bien? Se extrañó y me miró de arriba a abajo, debió pensar que no iba muy elegante para ir a la Ópera, pero el dueño del tercer piso me dijo que se llegaba en un autobús desde “Opera” que era una plaza.  Más tarde cuándo llegué al barrio me  avisó que no venía y tuve que volver andando media hora para encontrar el metro. Al final de la tarde, empezó a llover, estaba  sudada, cansada y mojada, y al llegar al último piso , era el peor, nada de luz, ni terraza, ni bien situado.

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