Ahora tengo una vida de color pastel, antes la repostería se me daba fatal, he empezado a disfrutar de los amigos y de las personas más importantes para mí . Si ahora sólo tengo una cocina pequeñita y me basto para hacer grandes platos y mis invitados a la mesa están más contentos y relajados como yo. Antes del divorcio me pasaba las horas en la cocina pero mis platos me sabían insípidos, sin sabor, o me salían salados, y no era por tener  una gran cocina, al contrario, era amplia y los armarios eran de color blanco con un horno grande y una nevera muy moderna y con un enorme congelador. Nunca la podía ver totalmente llena, como mi vida, y sólo me preocupaba que tuviera de todo lo que a él le podía apetecer, y no lo que a mí realmente me apetecía que tuviera en la nevera, él no sabía lo que a mi me gustaba no  tenía ningún capricho mío en la nevera y ahora he recuperado mis caprichos , un buen caviar, un salmón ahumado, queso holandés…Yo siempre cocinaba para los demás, en los cumpleaños cocinaba para mi familia, en los domingos para su familia, y en las fiestas de navidad y fin de año para sus amigos,  y ahora vuelvo a tener ganas e ilusión por cocinar porque sólo depende para quien cocinas que tenga éxito el plato, si quieres a la gente cualquier  menú  sabe a delicatessen, sólo con un filete y unas patatas fritas te sabrán al mejor plato del mundo gracias a la buena y mejor compañía, incluso mis pasteles de chocolate  y  de arándanos me quedan ahora buenísimos.

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