Este fin de semana he experimentado lo que sería tener un día de citas rápidas pero sin proponérmelo. He ido a Barcelona a la feria del cómic, cómo no conozco la ciudad me he movido en taxi, y qué casualidad que todos han sido hombres y de mi edad. El primer taxista que conocía, ( primera cita), era en Madrid porque ya llegaba tarde al AVE y tuve que hablarle con confianza y le dije ¿Puede correr más? ni lo pensé, y me sentí muy bien, nunca había dado una orden a ningún hombre. Yo antes, siempre obedecía y él daba las órdenes. En cambio, he sido yo la que he dado  órdenes a  varios hombres, (taxistas) me refiero.  Para volver al hotel por la noche tuve la otra cita. Es verdad, porque me hizo muchas preguntas, que de dónde era, en qué trabajaba, porqué viajaba sola, y finalmente me habló de su familia, de sus hijos. Era un señor atractivo, y no paraba de girarse para verme. Yo pensaba, este señor me está incomodando, además iba muy despacio y no había tráfico, y yo le expliqué  que estaba separada y que ahora ya no me da miedo ir sola, en Barcelona a las doce de la noche. Tanta sinceridad lo debió asustar, pues ya no me hablo más . Debe ser que ahora muestro mucha seguridad con ellos, pues el tercer taxi, por la mañana, también era muy agradable, me estuvo hablando del tiempo y era mucho más guapo, con una simpatía inusual en un hombre, pero duró poco, y me habló de repente muy seco, ¡Póngase el cinturón!, cómo dando una orden, lo dijo. Otro autoritario, pensé. La mejor cita fue la última, porque yo me subí delante del taxi, y el señor me hablaba muy alegre y divertido, y no pare de hablar en todo el trayecto, y era además muy guapo, y sabía escuchar y contestaba a todo con interés.  Ahora no me dará miedo de presentarme a una de estas reuniones que he visto que organizan en Madrid porque ya estoy mucho más experimentada , y gracias a este fin de semana que he tenido tantas citas (taxistas).

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