Esta frase la he escuchado un montón de veces, pero yo no estoy de acuerdo del todo, porque a veces te encuentras en la vida que ya no la necesitas,  por lo menos que esté cerca.  Es mejor que los hijos aprendan a vivir sin la madre, que a veces queremos tanto a los hijos que no dejemos que se marchen. De pequeña veía la serie “Pippi Calzaslargas”, ella vivía sola y hacía lo que quería con sus amigos, a mí me impactó que una chica pudiera vivir sola sin la madre, y además cocinaba y limpiaba la casa. Yo he pensado que mis hijas han de irse fuera a vivir su vida, y no por eso las quieres menos, ni te preocupas menos. Una de ellas ganó una beca para irse a Londres, un verano y no quería irse sola. Pues yo la obligué a irse. Otra hija también ganó una beca para estudiar en Madrid y venía cada tres meses. La segunda está estudiando y trabajando de diseñadora gráfica en Barcelona y ahora la mayor trabaja de free-lance. La última quiere ser actriz y ahora vive en Madrid para conseguirlo. Pero yo ahora he vivido lo mismo, pero con treinta años de diferencia y me he separado de mi madre y le costó mucho más a ella, me acuerdo del día de la estación que vinieron a despedirse, pocas veces he visto llorar a mi madre, y parecía que para ellos me iba a la otra parte del mundo, como cuándo se fue mi hija, pues igual para ellos. Ahora a mí también me ven cada tres meses y el otro día me vinieron a buscar a la estación y  también me emocioné de verlos a los dos. Pero en cambio se alegran porque me ven más feliz y muy renovada y más espabilada y me preparan mis platos favoritos igual que yo le hacía a mi hija cuándo venía a casa. Ahora también tengo mi casa, y mi madre también me cuida a su manera, el otro día me decía: cuidado con el bolso que te van a robar, acostumbrada yo ahora que voy en el metro, pensé, es lógico que  ellas siempre vigilan por tí  porque nos ven siempre pequeñas y por eso que  de madre no hay más que una.

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