Antes no podía tener nunca el mando y ahora esto ya ha cambiado y siempre tengo el mando del televisor me refiero, y por este detalle insignificante me da una autoestima que antes no tenía, porque ahora puedo escoger lo que puedo ver o no y antes me estresaba mucho no tener el mando,  ahora en cambio todo es diferente, tengo el mando yo siempre y parece que todos los canales los puedo ver si me da la gana y ahora no me manda nadie y esto me gusta. En Madrid  pasé a vivir sin la televisión, aquí es normal que la gente no tenga televisión  y entonces, no la extrañé para nada, porque en casa era una discusión continúa , sobretodo por la noche a él le gustaba el intermedio y yo lo odiaba a este programa y  yo quería ver el de Pablo Motos que me gustaba mucho más, pues nunca pude verlo y ahora en cambio qué tranquilidad es ver la televisión y me hace hasta feliz ver cada día al Pablo Motos porque lo tenía vetado en casa, y esto ha supuesto un cambio pero también para ser feliz dicen que la felicidad está en pequeños matices  ¿ Qué le costaba a él cambiar en este pequeño deseo?  Pues cuándo vine aquí a Madrid el cambio fue enorme porque en el piso compartido no había televisión, Primero me alegré de que no hubiera televisión, no quería saber nada del mundo que me rodeaba de hecho estaba tan perdida, que no sabía que pasaría con mi vida, y era lo que menos me preocupaba, disfrutaba de las charlas de los amigos del piso, de la música de los libros que tenía en el piso, de las series de internet, vaya que no la eché en falta, un día vino un señor al piso que estaban arreglando toda la instalación eléctrica y tenía que conectar los cables para la televisión y quiso saber si a nosotros nos funcionaba, y yo le dije, no hace falta que entre a arreglarlo, porque no tenemos televisión, se quedó tan extrañado que estuvo paralizado sin saber qué decir, dijo ¿No hay televisión? No, aquí no hay. le dije. Pues ahora al cabo de casi dos años me he comprado una  televisión,  pero no para discutir sino para darme felicidad y darlo a los otros, porque la televisión ayuda a darte felicidad pero siempre que tengas el mando.

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