Ahora la vida ya tiene sabor,  porque antes de casada no la sabía saborear. A él le gustaba ir siempre al restaurante  de Cocina De Autor , y pedíamos el menú de degustación y yo lo odiaba, porque siempre es lo mismo, y te dan una muestra pequeña de diferentes platos y nunca los acababa de saborear, igual que mi vida anterior que no tenía ningún sabor, sólo unos pocos momentos, como pasa en el menú de degustación, que es el menú peor del restaurante De Autor, pues mi vida de lujo también era igual lo probaba a pequeñas porciones y me daba felicidad en pequeñas muestras y es lo que más odiaba. Perdí la ilusión por ir a estos restaurantes, igual que por mi matrimonio, ya sabía que por muy bien presentados los platos, al final no me quedaría satisfecha, igual que en mi relación que sabía que al final todo era falso y era de cara a la galería mostrar que éramos felices como antes y el  plato era muy bonito pero estaba casi vacío y te quedabas siempre con hambre . Ahora voy a restaurants modernos que tienen el plato todo lleno y no son de cocina De Autor pero tienen una mezcla desabores diferentes y gustosos, igual que mi vida de ahora, por ejemplo el primer día fuí a un restaurante moderno y pedí una ensalada con cerezas buenísima y un filete muy meloso con una salsa buenísima. Ahora  decido yo lo que quiero pedir y me siento en el restaurant y a veces espero que alguien pida por mí como siempre y me quedo sin decir nada, y de pronto se me olvida que ya no he de esperar su opinión y que todo lo decida por mí, se me hace raro incluso pedir el vino y no escuchar ” tú no entiendes de vino” . Porque le dejaba total libertad para que pidiera él por mí, tanta libertad no es buena, no saboreaba nada tampoco, y decía: “Tomaremos un menú degustación”, y claro, últimamente ya no me gustaba ir de restaurante con él. Me acuerdo que la última vez que fuimos de restaurante no era De Autor y era en una terraza de playa en Torredembarra en Tarragona y tenía que haber sido una cita romántica porque ya la cosa no funcionaba, y sabéis que pidió de la carta: ¡ Sardinas a la planxa!. Yo le dije que me encantaban, pero fingía que me gustaba, pero  es que me sentía culpable de pedir un plato más caro  y ahora en cambio pienso en lo que me apetece primero  y no tanto en el precio del plato y tenía que reprimirme de todo, de la bebida, de los postres, y ahora, si me apetece pedir lo que quiera de la carta lo pido, vaya diferéncia,  y prefiero disfrutar de un plato grande y bonito. Porque mi vida ahora está llena de sabores por degustar y de  mejores momentos para poder saborear la vida del todo.

Un link para salir en malasaña.

http://elviajero.elpais.com/elviajero/2012/09/20/actualidad/1348155368_293319.html

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